Ayer fue un día extrañamente especial, de esos lluviosos pero con algo de sol al fondo, lo cual le quita un poco la nostalgia que podría inundarme en días como éste. Se sentía un viento frío y lloviznaba hasta como las siete de la tarde.
Un poco después, cerca de las ocho, cuando la noche usaba como brochas las manecillas del reloj y terminaba de colorear el cielo de un azul oscuro profundo y penetrante yo seguía preparando la mesa del comedor, no quería que faltara nada, no quería estarme levantando a cada momento sino disfrutar de la compañía que tendría esa noche, el café estaba listo, solo bastaría conectar la cafetera y en menos de cinco minutos el aroma remolinearía embrujante de sabor brasilero en todo mi departamento; nos acompañarían solamente unas galletas, de esas en forma de estrellita y con chocolate por encima, no era una cena formal, sino una charla especial, tal vez habría reclamos, tal vez reproches, o tal vez reconciliación, uno nunca sabe, las monedas siempre tienen dos caras y al tirarlas al aire no se puede identificar una de la otra.
Seguían pasando los minutos, todo parecía en orden, tazas, azúcar, cucharas, servilletas y mi computadora, convertida en Dj, a lo lejos ya lista con la selección de canciones para darle ambiente al momento, “Come away with me” estaba de fondo mientras pasaba por enésima vez la franela sobre el mueble junto a la mesa, ese donde tengo algunas películas, quería que se viera limpio, que a decir verdad pocas veces podrías culparme de polvo en los muebles o desorden voluntario, pero más bien me sentía nervioso de un cierto no sé qué de lo que podría suceder, cerré mi Biblia que estaba en el sillón y la puse en el mueble sobre el televisor.

Norah Jones seguía cantándome suavemente cuando mire el reloj que está en la pared de la cocina, si, ese reloj blanco con negro como casi todo en este lugar: siete veinte, faltaban solamente diez minutos para que llegara si es que sería puntual; caminé al baño y frente al espejo abrí la boca apretando los dientes tratando de encontrar alguna imperfección o descuido del cepillo dental, lo único que había era ese par de dientes que no podían presumir de rectitud, medio colmillo casi afilado que daba el toque del licántropo que todos llevamos dentro, en fin, todo parecía en orden, acomodé el jabón y quité el refrescante bucal del lavamanos, el rastrillo junto al shampoo, “More than this” me acompañaba de fondo cuando fue interrumpida por el acalambrado sonido del timbre desesperado.
Salí rápidamente desarrugando con la mano mi camisa y acomodando de pasadita la toalla, raspé la garganta discretamente como para aclarar la voz y tomando aire un poco nervioso, por fin abrí la puerta.
Fue una incómoda sorpresa esperada, me dio gusto verla, pero no tanto como antes, pensaba que sería interesante poder estar con ella, pero como que con la edad se le va quitando lo agradable, sin embargo ya estaba dentro de mi departamento, fui amable con ella porque en realidad no tendría por que ser de otro modo, habíamos pasado muchos buenos tiempos juntos, había sido mi mejor amiga, había estado conmigo en los momentos más tristes y también en algunos de los más alegres, que paradójicamente ella los teñía de tristeza, pero su “especialidad” era esa, acompañar en momentos difíciles, la verdad es que no la esperaba esa noche, en realidad no la invité pero seguramente escuchó por ahí de la reunión y no quería perderse la oportunidad de dar su opinión, así es Soledad, inexpresiva, callada, un poco tímida pero casi siempre se aparecía antes de que el reloj diera la hora exacta.
Nos saludamos con un beso en la mejilla y una diplomática sonrisa, tratando de fingir gusto de vernos y ella sabiéndose no tan bien recibida pero parte del grupo de invitados. Yo regresé al baño, no es que ignorara a Soledad, pero ella era de confianza, inconscientemente yo le había cedido ya cierto dominio en mi pequeño hábitat.
Caminó por el pasillo enderezando algunos de mis cuadros, sopló el poco polvo que guardaban los marcos, sí ya sé, aunque limpie todo, siempre he sido olvidadizo con esos cuadros del pasillo, varios de ellos tenían tus fotos, pero hacía algunos meses que por salud mental y aceleramiento del corazón al verlas preferí quitarlas, Soledad se puso a hojear mis libros, a ver carátulas de películas y a remover mis videojuegos, caminaba en todo mi espacio con libertad, no pedía permiso para nada, se sentía en su propia casa, y es que tantas veces había venido a visitarme que casi era suya.
Cinco minutos pasaban de la hora y el timbre sonó de nuevo, Soledad fue quien abrió la puerta, yo estaba sentado frente a la televisión encendida sin ver la programación, me puse de pie al ver que estaba llegando ni más ni menos que otra gran amiga, vestida con su clásico estilo un tanto retro, así era su estilo, siempre enrollándose de modas pasadas, justificando siempre que todo es cíclico y regresa y la moda más que todas las cosas da vueltas ante nosotros.
Venía con un sueter color violeta en sus hombros, lleno de souvenirs, de diferentes lugares donde había estado, en las manos llevaba un álbum muy grande de fotografías, un muñeco de peluche, y en la otra mano en una bolsa muchos discos compactos y algunos videocasetes de esos antiguos, y una botella de tinto para amenizar la charla, no cabe duda que Nostalgia era una mujer que siempre estaba preparada con todo lo necesario e innecesario para hacer las veladas inolvidables, ese era su talento, era su consigna y por lo mismo era una invitada básica en esa noche.
Antes de abrazarla la ayude con toda su carga, pusimos en la mesa de centro la bolsa de compactos, el álbum y los videos, en el piso el peluche y el sueter, después le di un abrazo, un abrazo gustoso, duró casi un minuto que me dejó sentirla cerca, bien pegada, como parte de mi.
Soledad nos veía de reojo, no sé si se sentía un tanto celosa, aunque no había un por qué, las dos se conocían y eran amigas, asistían a muchos lugares juntas y teníamos muchos amigos en común, así que celos era lo que menos podía sentir Soledad; Nostalgia se dejó caer en el sillón, cansada de su viaje pero contenta de estar ahí, Soledad le ofreció un vaso con agua, Nostalgia lo aceptó.
El agua llegó y ya sentados en el sillón Nostalgia empezó a sacar recuerdos, recuerdos de países, de ciudades, de personas, abría el álbum fotográfico y nos reíamos de vernos juntos años atrás, en la playa, en la iglesia, con los amigos evangelizando, en alguna fiesta o simplemente posando por posar, las imágenes nos hacían reír, y nos prometía más risa cuando pusiéramos los videos, yo estaba un poco nervioso de verlos, pero con ganas de mirar a mi “yo” de años atrás.
Cerca de las ocho treinta alguien tocó mi puerta, no usó el timbre, lo cual se me hizo un poco extraño, pero al abrir la puerta y ver quién era entendí el por qué, venía vestida de gris, solo una especie de mascada roja en el cuello, muy raro en ella, la cara también inexpresiva como de una amistad impuesta, forzada, como queriendo ocultar los sentimientos verdaderos y obligándose a asfixiar el deseo de un abrazo, solamente dijo “hola”, el más frío, seco y cuadrado “hola” que jamás haya oído, sin embargo sofocando mi entusiasmo y emoción, contesté casi de la misma manera, aunque la verdad es que se me notó demasiado falso, ya que si hay algo que me delata es el que no puedo aparentar sentimientos de emoción por más que trate de enmascararme.
“Sólo vine a disculparme por no poder estar con vos hoy, ni más tarde, me hubiera gustado quedarme pero necesito y quiero hacer otras cosas. Además no estoy preparada para quedarme, mira la facha que tengo ahora. Te entrego los libros que me prestaste y este reloj que me diste cuando cumplimos seis meses, nunca pude ver la hora porque no tiene manecillas, pero de todas formas es muy bonito”
Tomé el reloj en mi mano y sin dejar de verlo le dije: “Es que este reloj solamente marca el tiempo perdido, y era el indicado para una chica tan bonita como vos, que no tiene prisa ni tiempo, que no usa reloj ni horarios”
Soledad seguía viendo de reojo lo que pasaba, asì, de lejos, como sabiendo que Amor Perdido, la chica que me regresaba todo, menos el tiempo ni el corazón, se iría dejando un pequeño gran dolor en mi.
Nostalgia fingía no darse cuenta de lo que pasaba en la puerta y fue a cambiar de canción: “My place in this World” cantaba Smith.
Amor Perdido recorrió con la mirada el interior del lugar, ignoró a Nostalgia pero fijó su mirada en ese sillón en el que alguna vez ella también estuvo… no sólo sentada, sino entronada, porque había sido como una Reina, y yo su súbdito… ¿o su bufón?, ella suspiró mientras yo seguía callado, mirando el reloj, tratando de evadirme, tratando de hacer más corta esa eterna agonía.
“Ah, te aviso que ya cambié mi número de celular, no creo que tenga sentido que me llames o mandes mensajes al que tienes, aún no me sé el nuevo número, pero en cuanto lo tenga te aviso, ¿okey?”, su misma pose robada de algún personaje altivo de telenovela y su tono seco y forzándose a ser indiferente, la conocía, sabía que fingía, pero no quise decir más.
Para despedirse me dio un beso frío en la mejilla como si fuera la propina para el mesero que la sirvió durante unos meses, un beso que no valía las treinta monedas de Judas pero de todas formas estaba entregándome, traicionando las promesas, dio la vuelta, bajó las escaleras y desapareció.
Cerré la puerta, caminé callado hasta el sillón donde estaba Nostalgia, me dejé caer sin ganas, ella me dio un abrazo afectuoso, estuvo conmigo asì unos minutos, Soledad encendió la cafetera, era tiempo de levantar el ánimo aunque fuera artificialmente con cafeína, sí, cafeína por favor, necesitaba sentirme un poco vivo, la Biblia seguía cerrada sobre el televisor.
No sé si Nostalgia trataba de levantarme el ánimo o qué, pero insistía con las fotografías, de amores pasados, amores lejanos, familiares que ya no están, amigos que se fueron y otros que nunca lo fueron, renacían recuerdos de esos que creía que ya estaban en otro mundo, creyendo que la ausencia y el tiempo los había matado, pero Nostalgia tenia los boletos redondos en el que viajaban esos recuerdos, iban y venían constantemente, Soledad seguía en la cocina.
Para hacer mas cursi el momento di algunos clics en la computadora y dejé escuchar a Serrat: “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí…”
Mi celular sonó, era un mensaje de texto: “Perdona la tardanza, tuve un pequeño contratiempo, pero ya estoy llegando, vengo solo”. Era el Corazón, estaba por llegar. El café humeaba en tres tazas, el aroma llenaba el lugar, la cafeína era una promesa de ánimo, y al primer sorbo volvió a sonar el timbre, esta vez Nostalgia se levantó a abrir, quien estaba del otro lado de la puerta era el Corazón, traía una facha muy desparpajada, parecía que lo habían atropellado, despeinado, con raspones en la cara y los jeans rotos de las rodillas, pero su expresión optimista no se borraba, “Listo, más vale tarde que nunca, je, ¿por qué esas caras? ¿Alguien se murió?”
No pudimos evitar sonreír, el corazón estaba lastimado, revolcado y se veía que necesitaba mucha atención, por eso se hacía el gracioso como una forma de evadir que le pidiéramos detalles de su “contratiempo”, no era la primera vez que le ocurría algo asì, y él lo sabía, pero tal parece que no aprendía, era distraído y confiado, siempre lo fue.
Nos saludó a todos y de inmediato se fue a lavar la cara y tratar de arreglar un poco su aspecto, del botiquín sacó alcohol, algodón y bandas adhesivas, no lo vimos pero se oían los “ouches” que todos damos al curar alguna herida por pequeña que sea. El aroma seguía en el espacio, Soledad en la cocina, Nostalgia en el sillón, yo poniendo un video para enfrentarme a los fantasmas de mi propio pasado, no fue necesario bajar el volumen de la música, Presuntos Implicados cantaban: “Como hemos cambiado” y esa misma afirmación la apoyaba al ver las imágenes en pantalla. Nostalgia se reía discretamente de mí. La Biblia seguía sobre el televisor.
El Corazón salió del baño, según él, renovado, más limpio, como maquillado, y aunque seguía su aspecto obviamente lastimado, la actitud positiva que mostraba podía señalar que estaba listo y dispuesto para seguir adelante, él mismo se sirvió una taza de café.
Yo miraba el video, tenía en mis manos algunas cartas de ella, de Amor Perdido, cuantos recuerdo teníamos juntos pero ahora, esos recuerdos eran solo míos.
“¿Quién más falta de llegar?”, preguntó el Corazón tratando de no mostrar dolor.
“Faltan la Fe y el Futuro”, dijo Soledad desde la cocina
Una voz inesperada intervino: “¿Fe y Futuro? Pero no creo que lleguen, a veces vienen juntos, pero ya sabes que la Fe no es muy buena para encontrar direcciones y se pierde fácilmente, y el Futuro es muy incierto, nunca sabes en que momento llega o tal vez no llegue”, la voz misteriosa y repentina era la entrometida Depresión que sin ser invitada estaba entrando por la puerta que Corazón dejó sin cerrar, no fue invitada pero ella no necesita invitación, siempre llega en el momento menos indicado apropiándose de la situación, sin saludar ni más, se dirigió a la mesa donde estaba la botella de tinto, fue hasta la cocina y tomo el sacacorchos, con su irónico semblante de sentirse dueña del momento y todos los demás solamente la observaban atónitos, sin poder hacer más.
“¿Qué les parece si brindamos?”, descorchó y empezó a servir una copa:
“Propongo que brindemos por… por ti Soledad, porque a pesar de tu belleza cada día eres mayor y eso no es bueno para nadie, tu ilusión está enfocada en ese engañoso hombre llamado Futuro, pero mira, date cuenta que nunca es puntual, confías en él, pero él no tiene tiempo para ti…Brindo por ti Soledad, la eterna Soledad que miras por tu ventana noches y amaneceres vacíos, mirando envidiosa a tu vecina Esperanza, deseando tener un poco de lo que tiene ella pero tú Soledad, eres simplemente eso, Soledad…”
Asì era la agresiva Depresión, tan delgada y moderna, con algunas cirugías, vestida de maquillada y oliendo a Liz Claiborne, fanfarrona y burlona, yo sólo la escuchaba sin oírla pero no dejaba de ver el video, no dejaba de desear que se largara pero sin el valor de decírselo.
Depresión seguía con su sarcástico brindis, llenó una copa más:
“¿Y vos por qué no brindás Nostalgia?, ¿tus recuerdos no te lo permiten? Seguramente tenés tantas cosas en las manos que no podés agarrar la copa, pero vení, yo te la doy en la boca, para que no pierdas detalle de tus cosas, ¡mira cuántas fotos!, ese es tu problema, que no puedes vivir el presente y te aferras a tu pasado, pero disfrutalo, no lo sueltes, yo brindo por eso, por todos esos detalles que has vivido , buenos y malos que han hecho de vos lo que hoy sos, un costal de todo y nada, y ¿para que pensar en ese impuntual del futuro? Mirá, nunca llegará, sólo existe el hoy y ahora, y ahora y hoy eres nada, todo lo que pudiste ser ya pasó”.
Nostalgia se sintió ofendida, pero no se atrevió a responderle ni una palabra, ni un gesto, la fuerza de Depresión era mucha, su personalidad imponía.
Para tratar de alivianar un poco las cosas el Corazón se el acercó y le dijo: “Vamos Depre, tranquila, no es necesario que te pongas asì, tratemos de llevar esto tranquilos, deja el tinto, mejor prueba estas galletas y si quieres llévatelas para el camino, la verdad es que esta velada es privada y tú no estás invitada”
“¡Vós no sos nadie para decirme lo que debo de hacer o no hacer Corazòncete Imbecil!, ¡y no quiero comer nada, ahorrate tus estupidas galletas!”
Depresión subió el tono, golpeó al Corazón con todo y cayó sobre la misma pierna que tenía antes lastimada, el corazón se quejó para sí mismo tratando de que no se dieran cuenta de lo débil que estaba, quiso hacerse el fuerte y trato de levantarse, pero la herida de la cara empezó a sangrar un poco.
“¡¿Te lastimaste?! Eso no es nuevo en vos, sos un débil, y eso es lo que te tiene asì, tu falta de fuerza, lo blando que sos, lo estùpido y crédulo, no aprendés después de tantas veces y por eso tenés que repetir la lección, sos NADA, sos una basura, una basura que nadie va a tomar en serio ni en cuenta, estás destinado a sufrir, más hubiera valido que no existieras, deberías dejar de existir y esa sería tu solución, mirate en un espejo, mirate y desaparecé si es que tenés las agallas, brindo por tu falta de valor y de autoestima ”
Corazón parecía no oír por el dolor de sus heridas, pero cada palabra le estaba llegando a lo más profundo de su ser…
Continuará...